
La suya es una de las muchas trágicas historias de enamorados que recuerda la historia.
Pedro Abelardo nació en 1079 en Palais, y pronto se convirtió uno de los más respetados maestros de Teología de la Universidad de París. Debido a su fama fue elegido por el canónigo de la catedral de parís, Fulberto, para que se convirtiera en el maestro de su sobrina Eloísa, joven de 17 años que contaba ya con una despierta inteligencia y que destacaba por su belleza.

Viviendo bajo el mismo techo en seguida nacerá el amor entre ambos y durante un tiempo lo mantendrán en secreto, hasta que el embarazo de Eloísa hace evidente el romance. Abelardo decide raptarla y huyen a París donde se casarán en secreto. Tras esto deciden separarse para no volverse a ver más. Fulberto recluye a Eloísa en el convento de Argentuil, donde dará a luz a su hijo, Astrolabio, y en el que tomará los hábitos poco después. Fulgencio enfurecido y creyendo que todo esto se trataba de una trampa contrató a dos sicarios para que, sorprendiendo el sueño del maestro, lo castraran.
El reencuentro fue ya imposible. Con la separación se sucedieron miles de cartas, único vínculo entre ellos, en las que Abelardo se mostraba como un hombre arrepentido y frío, que fue centrando sus intereses en la teología. Hasta llegó a pensar que su mutilación había sido un castigo divino. Mientras que ella se siguió manteniendo como una mujer tremendamente apasionada, rememorando las escenas que vivieron juntos.
…Dudo que alguien pueda leer o escuchar tu historia sin que las lágrimas afloren a sus ojos. Ella ha renovado mis dolores, y la exactitud de cada uno de los detalles que aportas les devuelve toda su violencia pasada[…]
… Para hacer la fortuna de mí la más miserable de las mujeres, me hizo primero la más feliz de manera que al pensar lo mucho que había perdido fuera presa de tantos y tan graves lamentos cuanto mayores eran mis daños [...]
…….Si la tormenta actual se calma un poco, apresúrate a escribirnos; ¡la noticia nos causará tanta alegría! Pero sea cual sea el objeto de tus cartas, siempre nos serán dulces, al menos para testimoniar que tú no nos olvidas […]
El desenlace de esta historia se produce en 1142, cuando Abelardo muere a la edad de 63 años en la abadía de Saint-Marcel. Eloísa le sobreviviría 21 años siendo la abadesa del convento donde fue recluída hacía ya tanto tiempo. En 1164 sería enterrada en el mismo sepulcro de su amado.
Desde finales del siglo XIX sus restos descansan en un mausoleo neogótico de cementerio parisino de Père Lachaise.
